domingo, 14 de noviembre de 2010

La ciencia explica 3.000 años después, el milagro de Moisés

Esta semana, en Espacio de ciencia, nos hacemos eco de un estudio que explica científicamente el episodio de la Biblia en el que Moisés separaba las aguas del mar Rojo, permitiendo así la huída del pueblo judío de Egipto.

Investigadores del Centro Norteamericano para la Investigación Atmosférica (NCAR) y de la Universidad de Colorado han publicado en la revista científica Plos, los resultados de un estudio a través de cual pretenden probar que un fuerte viento procedente del este a cerca de 100 kilómetros por hora, soplando durante 12 horas, podría crear un fenómeno de “separación de las aguas”.

Los científicos realizaron simulaciones por ordenador teniendo en cuenta la topografía de la región de la época (3.000 años atrás). Los modelos muestran que los sedimentos existentes en el Delta del Nilo creaban un “brazo” de suelo habitualmente sumergido, pero a poca profundidad. El fenómeno descrito sería capaz de crear un camino seco durante cuatro horas.

                                   Charlton Heston abriendo las aguas.


Según la Biblia, Moisés alzó las manos en dirección al mar Rojo, y durante toda la noche, Dios dividió sus aguas con un fuerte viento del este para permitir la huída del pueblo hebreo de Egipto. Por la mañana, mientras el ejército del faraón cruzaba el océano para perseguir a los judíos, las aguas volvieron a cerrarse acabando con las tropas.

“Todo el mundo se queda fascinado con esta historia del Libro del Éxodo, preguntándose si tiene origen en hechos históricos”, apunta el investigador del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica, Carl Drews. “Con este estudio hemos querido demostrar que la descripción de la separación de las aguas tiene una base científica”.



Para este estudio se han utilizado antiguos mapas, así como registros arqueológicos y modernas mediciones de los satélites. El equipo encontró una posible localización donde podría haber ocurrido la “milagrosa travesía”; y no es en el mar Rojo, donde se sitúa el acontecimiento de la Biblia que ocurrió hace 3.000 años, sino en un área del delta del Nilo, donde aparentemente un afluente del río inundaba el antiguo lago de Tanis.



En esa localización, un viento de 100 kilómetros por hora, durante ocho horas, podría haber permitido separar las aguas. Una línea de tierra fangosa de unos cuatro kilómetros de longitud hubiera quedado al descubierto durante cuatro horas con dos paredes de agua a los lados.

“La simulación que hemos hecho corresponde de forma rigurosa con el relato del Éxodo” ha asegurado Drews en las conclusiones del estudio. “La separación de las aguas puede ser entendida a través de la dinámica de los fluidos. El viento mueve el agua de acuerdo con la leyes de la física, creando un pasadizo seguro con el agua a los lados, y después permitiendo una rápida inundación”, aseguró.


Este tipo de viento, capaz de desalojar el agua de un lugar y empujarla a otro, ha sido documentado varias veces. Ocurrió, por ejemplo, en el Lago Erie cerca de Toledo, Ohio. Asimismo, fue detectado en el delta del Nilo en el siglo XIX, cuando las aguas se habrían movido cerca de 1500 metros.

Una simulación anterior hecha por científicos rusos, había establecido que serían necesarios vientos del noreste que alcanzasen los 120 kilómetros por hora para conseguir crear un paso en el mar Rojo, cerca de donde se encuentra actualmente el Canal de Suez. Sin embargo, Drews y su equipo dudan que fuese posible que los refugiados caminasen con vientos tan fuertes, ya que el suelo tendría que ser completamente liso para permitir que el agua se desplazase en tan sólo 12 horas.

Este nuevo estudio, que ha contado con la colaboración de la Universidad de Colorado, forma parte de una investigación mayor acerca del impacto de los vientos en la profundidad de las aguas. Drews espera que dando esta nueva localización del milagro, pueda ayudar a los arqueólogos a descubrir pruebas concretas de este evento.






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